Como en muchos aspectos de la vida, el año representa un ciclo. Un ciclo cuyo inicio y cuyo término son arbitrarios, definidos según nuestra propia conveniencia.
De igual forma, el 2012 representa el fin de un ciclo en el calendario maya. El fin de un ciclo igual de arbitrario que el fin de un mes o de un año. Por lo tanto, el mundo seguirá rodando. O al menos es probable que así sea, a juzgar por lo que la experiencia nos enseña.
En realidad, no tenemos ninguna otra forma de prever o predecir (“ver antes” o “decir antes”), más que inferir el futuro a partir de lo que nos enseña el pasado.
Esto ocurre lo mismo en las ciencias naturales, como la física o la biología, que en las disciplinas sociales, como la economía o la política.
Sin embargo, cuando un físico "predice" el momento en que ocurrirá un eclipse, o la intensidad de una aurora boreal, lo hace con una precisión cercana a la perfección.
En ámbitos más complejos, la propia física reconoce su incapacidad de predicción: en la medida en que aumenta la precisión para medir la velocidad de un electrón, disminuye la precisión para medir su posición (principio de incertidumbre de Heisenberg).
En la biología, la capacidad de predicción disminuye notoriamente: ¿afectará el actual cambio climático, sea este causado o no por el hombre, a tal o cual especie? ¿Tal medicina será efectiva contra tal o cual enfermedad?
La razón de ello es que, en la medida en que los sistemas se vuelven más complejos, es más difícil hallar modelos que los representen de forma correcta en cualquier circunstancia y por lo tanto, es habitual incorporar en los modelos medidas de incertidumbre.
Podemos argüir que, en general, los fenómenos mismos son aleatorios o podemos, con Einstein, aseverar que "Dios no juega a los dados". En cualquier caso, nuestra capacidad como observadores es limitada y por lo tanto incorpora un conjunto, a veces enorme, de incertidumbres.
Esas incertidumbres son mucho mayores en las disciplinas sociales. Por ello es frecuente que las predicciones de resultados de votación (a partir de encuestas previas o posteriores a la votación) sean equivocadas, sobre todo en contiendas cerradas.
Igualmente, es frecuente que, mientras los economistas predicen un futuro brillante y sólido para todos, los mercados financieros los apabullen con una dosis de realidad.
Por otro lado, en múltiples ocasiones los analistas políticos y económicos son también actores: asesores de tal o cual político o secretario de finanzas.
Al mismo tiempo, esos analistas/asesores han tenido oportunidad de observar cómo las decisiones de las personas afectan los resultados anteriormente previstos. Así, tenemos el caso de candidatos a la presidencia que, al mostrar su ignorancia o su beligerancia, pierden el apoyo popular que pudieran haber tenido.
Por esa razón, las llamadas "ciencias sociales" se vuelven no tanto "descriptivas" sino "prescriptivas": Es posible que (llene el espacio en blanco), a menos que se realicen las acciones (vuelva a llenar el espacio en blanco).
De esta forma, los analistas pierden objetividad al pasar de observar la realidad a defender su punto de vista.
Si bien en la física es un hecho conocido que la observación modifica el fenómeno, lo es mucho más en las disciplinas sociales, donde incluso la divulgación de un resultado puede alterar los acontecimientos futuros.
Este año, 2012, en Financial Science buscamos dedicarnos a ser verdaderos analistas del entorno financiero, y usar esa capacidad de análisis para tomar decisiones de portafolio, activos y pasivos, para nuestros clientes.
Para nosotros, la incertidumbre no es nada nuevo: es nuestra forma de vida.
En Financial Science contamos con la experiencia acumulada de más de un cuarto de siglo, y con el conocimiento de vanguardia que nos permite tomar las decisiones más sólidas en un entorno incierto.
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