Dicen que los pueblos tienen los gobiernos que "se merecen". Yo me atrevo humildemente a discrepar por varias razones.
En primer lugar, nadie "se merece" un mal gobierno. O por lo menos, no somos nadie para juzgar los méritos de alguien, y mucho menos de toda una nación.
Por otro lado, como todos los dichos y refranes, éste tiene una buena dosis de verdad: Los pueblos tiene gobiernos que les son similares o afines. Así, un pueblo corrupto "se merece" un gobierno corrupto; un pueblo violento "se merece" un gobierno violento. Un pueblo irresponsable "se merece" un gobierno irresponsable.
Como dije más arriba, nos es que como pueblo nos merezcamos un gobierno irresponsable, violento y corrupto pero... ¿cómo iban a ser los gobernantes -emanados del pueblo- si el pueblo es corrupto, violento e ignorante?
Yo tengo el infortunio de vivir en el D.F.; para colmo, en el límite del DF con el Estado de México.
Cada vez que transito por esa zona, me llama poderosamente la atención el hecho de que, si bien todos los automovilistas son en mayor o menor medida irrespetuosos, los que tienen placas del Estado de México lo son en mayor medida:
Pones la direccional y, lejos de abrirte espacio, se pegan como calcomanía al de adelante, para no dejarte pasar. Si el tráfico está lento, no les incomoda mayor cosa el rebasar por el acotamiento, donde se supone no deben circular. Por supuesto, son incapaces de detenerse para ceder el paso a un peatón o a un ciclista.
Son irrespetuosos. Piensan que tienen más derecho que los demás. O quizá no piensen que tienen más derecho; piensan que son "más hábiles". El que no transa no avanza. Dicho mexicanísimo que representa la forma de pensar de los políticos, pero también de sus súbditos.
No por nada son del Estado de México el presidente y otros conspicuos políticos millonarios: Hank, Montiel, y un largo etcétera.
¿Queremos tener un mejor país? empecemos por respetar las normas. Nos gusten o no. Nos incomoden o no. Independientemente de que los demás las respeten.
La mitad del progreso humano, de la sana convivencia, se resume en una sóla palabra: Respeto.
La otra mitad tiene que ver con la voluntad de sacrificar un poco de bienestar personal a cambio del bienestar colectivo y, otra vez, se refleja en la forma de manejar: ¿qué nos cuesta ceder el paso al que está tratando de entrar a la vía rápida donde circulamos? ¿qué nos cuesta frenar para que pase el peatón con comodidad y seguridad? ¿qué nos cuesta no tocar el claxon en un embotellamiento?
Seamos generosos. Esa es la otra mitad de la convivencia humana: la generosidad.
Un país respetuoso y generoso es un país de primera. Respetemos el trabajo del los demás, no tirando basura, no obstruyendo el paso, cuidando el mobiliario urbano, nuestra salud y la de los demás...
Seamos generosos con nuestro tiempo, nuestro trabajo, nuestro consejo...
Así seremos un país justo, donde todos tengan lo necesario, para permitir que algunos tengan incluso lo superfluo..
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